¿PREGUNTAR ANTES DE VOTAR?

Todos estaremos de acuerdo que gestionar un país requiere de representantes que acrediten que son capaces por su trayectoria y profesionalidad de enfrentarse a tal responsabilidad.

Estaremos de acuerdo también que los representados tenemos que estar informados para que nuestro voto juicioso contribuya a formar un gobierno que garantice el buen progreso de nuestro país. No es lógico que ensalzando la democracia accedan a cargos con tanta responsabilidad cualquier tipo de ciudadano. Y eso no es un ejercicio antidemocrático, sino una argumento que defiende precisamente una democracia más justa y mucho más sana.

En mi caso por mucho que quiera ser un profesional olímpico no reúno las condiciones para serlo, y de acceder a tal puesto flaco favor haría a mi país, y si salgo elegido porque me sé vender muy bien, estaría engañando, y las consecuencias las pagarían casi cincuenta millones de personas.

¿Todas las opiniones son respetables? Por supuesto, nadie lo pone en duda. Pero no todas debieran ser igual de vinculantes. Imaginemos que sobre un tema eléctrico se encuentran dos personas. Uno de ellos electricista y experto en la materia y otro ciudadano publicista de reconocido prestigio. Es evidente que el electricista por su trayectoria y sabiduría debiera tenerse más en cuenta su reflexión o conclusión que la del otro ciudadano, que no menos respetable, no domina la cuestión planteada. Es un ejercicio de prudencia y bien común reconocer que no todo el mundo sabe de todo y no por ello hay que sentirse excluido. Es más, cuanto más formada esté esa persona mejores consecuencias tendrá sus acciones para el conjunto.

No es menos cierto que solemos opinar sobre muchos temas y defendemos posturas y muchas veces no dominamos la materia, o nos dejamos llevar por nuestros intereses o ciertos titulares, y sin quererlo caemos repetidamente en graves injusticias. Nos manifestamos sobre una determinada medida con información parcial, pero… ¿cuántos nos hemos leído una ley o leídos diferentes medios de comunicación? Sería lo mínimo para ser justos y responsables a la hora de establecer juicios de valor absolutos.

Al votar tampoco somos conscientes de nuestra responsabilidad, y así nos va, es por ello que planteo la siguiente cuestión: ¿Sería justo y una buena solución,  antes de ejercer el voto, que todos los ciudadanos contestarán a preguntas básicas de cultura, historia o funcionamiento de un estado, para poder ejercer responsablemente el voto? ¿Es justo que un ciudadano que no sepa cómo se llama la vicepresidenta, o cuantas comunidades autónomas hay, pueda elegir un buen representante para la buena gestión de su país?

No parte de una premisa excluyente porque todos los ciudadanos deberían de contestar. Estamos escuchando continuamente casos de despilfarro alarmantes en todas las administraciones, desde locales a estatales. La gran mayoría de empresas públicas en la ruina. Las cajas de ahorro, todas con representantes políticos, con inyecciones millonarias, por su patética gestión, y paralelamente gente estafada y en el peor de los casos pasando hambre. Recordar que los grandes bancos, todos gestionados por expertos en la materia, al margen de sus quehaceres, no han necesitado ayuda estatal.

Por lo tanto volveremos a estar de acuerdo que necesitamos solución. Y la solución pasa por nosotros que somos los que elegimos y cuanto más preparado y sabio sea el voto, más preparado y sabio será el elegido.

Toda queja debe ir de la mano de una solución, ¿por qué tantos diputados si hay unanimidad de voto? ¿Por qué tantas duplicidades? ¿Por qué tanto despilfarro y corrupción? Solución: Menos diputados y cargos públicos y mucho mejor pagados. No tiene sentido, y si lo negamos, caeríamos en una demagogia barata, que un presidente del gobierno no llegue entre unas cosas y otras a 100.000 euros al año por la responsabilidad que ostenta. Si tuviéramos menos políticos y mejor pagados, accederían a esa responsabilidad gente muy formada y preparada, y tendrían menos tentaciones de meter la mano.

Es un sinsentido también que una mala gestión de un país no conlleve responsabilidades, cuando a un ciudadano en su profesión se le puede inhabilitar y sancionar de por vida por ese motivo. Menos sentido tiene todavía que por ostentar ese cargo la ley te proteja ante un delito cuando tendría que ser al revés. Un cargo público debiera dar más ejemplo que nunca y las penas debieran ser más duras incluso que la de un ciudadano de a pie.

Ante situaciones extraordinarias medias extraordinarias.

Un sinsentido que solo tiene solución con propuestas con sentido, con inteligencia y prudencia, porque mecanismos tenemos para no perder el rumbo y encontrar la mejor solución.

Javi Pacheco Doria

 

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