EL ABORTO: UNA ALTERNATIVA COBARDE

Estos últimos días se ha estado hablando mucho sobre el aborto y la nueva propuesta de ley que quiere llevar a cabo el Gobierno. Tema ya muy tratado y hablado, sin embargo para analizarlo en justicia deberíamos partir de puntos de encuentro, abandonando posturas partidistas que respondan únicamente a intereses particulares.

Estaremos de acuerdo que por encima de lo que nos conviene en cada momento  hay una realidad, y nuestra obligación debería buscarla y actuar en consecuencia. No cabe duda que todos los que opinamos, con una postura u otra, hemos nacido. Todos nosotros  tenemos la misma dignidad independientemente de nuestra edad. Al mismo tiempo, en algún momento nuestra vida comenzó a formarse, de haberse interrumpido, tampoco estaríamos opinando.

Es evidente también que aun pudiéndose abortar con unos meses de embarazo, ese nuevo ser humano independiente a nuestros intereses, está en fase de formación, por lo tanto no debiera ser motivo de desencuentro entender que aun tenga unas semanas, un mes, o nueve meses, forma parte de la evolución natural de todo ser humano. Ya pueden haber leyes que permitan según qué cosas, pero la veracidad de las mismas no las estable el consenso social, dado que este puede estar equivocado. Que un país por ley  diga que ciertas actitudes contra la mujer sean legales no significa que eso sea lo correcto por ejemplo. Por lo tanto el consenso social no convierte en positivo algo intrínsecamente perverso.

Todos defenderemos que cada uno de nosotros somos seres humanos únicos y libres, y que nadie debiera tener la potestad de decidir si somos o no dignos de nacer, de vivir y mucho menos cuando no podemos defendernos. Proteger al más débil, al indefenso, es lo justo, aunque haya actitudes cobardes que aprovechen esa vulnerabilidad para justificar y calmar su conciencia. Es evidente que cuanto más pequeño es algo menos reparo da pisarlo, que siempre acabamos defendiendo nuestros quehaceres en defensa de algo que creemos mayor, que justificamos todas y cada una de nuestras actitudes, cuando lo sensato debiera ser  tener la valentía y responsabilidad de buscar lo que es correcto y defenderlo en consecuencia.

El regalo de tener un hijo no es un derecho, como tampoco lo es la salud, son bienes que se tienen o no tienen.  Cuántas veces hemos escuchado desde diferentes movimientos la siguiente frase: “es mi cuerpo y yo decido”.  Una cosa es que el cuerpo sea de la mujer, y otra muy diferente es que el embrión sea el cuerpo de la madre. De los 46 cromosomas del embrión solo 23 son de la madre y ni siquiera el grupo sanguíneo es el mismo que el de ella. Se podría considerar biológicamente un cuerpo extraño que por un milagro inmunológico no es rechazado. Se entiende por lo tanto que el embrión es un ser distinto de la madre y ésta  le da cobertura, alimentación y PROTECCIÓN.

Un derecho o una sociedad que justifica y decide sobre la vida de terceros, ni es derecho, ni es sociedad. Una sociedad que defiende su libertad pisando la de otros no es libre, sino esclava de vicios y libertinajes que acaban en la más absoluta soledad.

Lo que parece un avance en son de un irracional uso de nuestra libertad es un retroceso sin control.

Javi Pacheco Doria

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