UNOS PREMIOS GOYESCOS

La libertad de expresión no da vía libre a poder soltar memeces, a utilizarla como manguera sin filtro, como arma sin licencia para entrar a matar. La ceremonia de los premios Goya, como cada año, se convirtió en un escenario de lo que no debe ser ni el cine ni la cultura. Un escenario que se utilizó como plataforma criticona y cero constructiva. Lleno de “glamour” físico y vacío de alma.

Un Javier Barden que ensalza la educación y la sanidad pública y no sabe ni lo que es, ni como funciona. Un cine español que en su mayoría se alimenta  de las subvenciones en lugar de ofrecer calidad y cultura. Producciones que no importa el contenido sino el retorno de inversión.  Unos actores que vitorean la defensa de derechos y son los primeros que aceptan y hacen películas en donde la carnaza, la guarrería barata y sucia, las faltas de respeto contra la mujer han estado a la orden del día. Todo es justificable mientras venda. Esos mismos personajes son los mismos que luchan a favor de los derechos de la mujer y públicamente los dilapidan.

Sorprende escuchar la multitud de derechos que tenemos, sorprende escuchar justificaciones sin autocrítica, sorprende escuchar tantas peticiones de justicia y sin embargo, ¿no tenemos obligaciones?

La ausencia del ministro de Educación José Ignacio Wert fue muy comentado. Decisión más que inteligente. El año pasado fue abucheado, increpado, insultado y humillado durante toda la gala y se tiene la poca vergüenza de no entender la ausencia de este año.

Estaremos de acuerdo o no en sus políticas pero un mínimo de educación, respeto y sentido común sería lo mínimo que podría exigirse.

 Todas nuestras acciones y omisiones comunican. Una sociedad que es acostumbrada a no cumplir una dieta equilibrada, sabiendo que esta es la receta óptima para alcanzar un estado saludable, y haciendo caso omiso por intereses personales a sus enseñanzas, corre el riesgo de abandonarse, corre el fatal destino de la soledad.

Ojo con aceptar cacahuetes porque corremos el riesgo de convertirnos en monos. Una sociedad que acepta y come pipas esta destinada a no levantar su alma de un sofá.

Javier Pacheco Doria

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