¿UN DETALLE O UN EURO?

Hoy leía la siguiente frase, bueno, para ser precisos es una cita evangélica, pero así sonaba algo menos “carquilla”:

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de los Cielos” (Mt 19,24).

Ahora sí viene la frase:

“Con dinero se puede comprar un lugaren el cementerio pero no en el cielo”

Pensémoslo bien…

Gastamos dinero e infinidad de tiempo en aparentar y comprar, en comodidades, en parecer físicamente atractivos moldeando nuestro cuerpo, en maquillajes efímeros, que no hacen más que adornar. Pero ¿Cuánto esfuerzo y tiempo dedicamos a moldear y perfeccionar el mayor, mejor y más valioso músculo que es nuestro corazón? El único músculo capaz de amar…

Aquí es donde encontramos el grave problema del asunto. Nos impresiona más un buen cuerpo que una buena persona, un euro que un detalle.

Analicemos las cuentas que seguimos…muchos “cuerpitos” molones, mismos patrones de fotos, muchas sonrisas “profindent”, muchas recomendaciones para comprar y comprar, pocas para ser ser… eso no vende…ser no vende…pero sigo pensando: ¡estamos a tiempo! ¡fomentemos unas redes sociales de almas y mentes sanas!

No va a ser fácil navegar contra corriente pero miles de esas sonrisas están deseando llenar de esperanza lo que el dinero no podrá comprar jamás.

¿Cambiamos? ¿te atreves a SER mejor?

¿Por qué no fomentamos unas RRSS que desplacen la mirada de nuestro ombligo a ayudar a los demás?

Dinero, lujos, placeres, ¿todo ellos es malo? Depende…ni malo ni bueno

Todo en su justa medida es sano, pero veo cuentas tan, pero tan, superficiales.

Sin caer en romanticismos y tristes dogmas establecidos, no cabe duda que para vivir es necesario dinero, negarlo sería tan absurdo como imprudente, basta con saber priorizar y dar la importancia que merecen las cosas.

Por desgracia nos encontramos anclados por un estado de bienestar y una cultura que fomenta precisamente romanticismos utópicos que se alejan de la realidad generando frustración y desolación en multitud de parejas y matrimonios.

Una sociedad impulsiva que se deja llevar por lo que siente y no queriendo trabajar precisamente lo que no puede comprar el dinero. ¡UNO DEBE HACER LO QUE DEBE NO LO QUE QUIERE! A veces coincide a veces no…

Soñamos en poseer bienes materiales y “calidad de vida” y dejamos de lado el trabajo de la comunicación, de la ilusión, de la felicidad, de la virtud, que sería lo más normal para alcanzar calidad de vida y paz. ¿Qué cuesta vivir? Unos dirán una cifra, otros dirán otra, depende de las necesidades creadas. ¿Se puede ser feliz con poco dinero?…

El resultado de todo esto es la paradoja, sorpresa y admiración cuando leemos historias de amor que nos parecen lejanas que duran toda la vida, en donde unidos por Amor han sabido superar los trances del camino.

Las compartimos en nuestras redes sociales, nos encantaría ser los protagonistas, pero en la realidad, ni aplicamos sus directrices ni hacemos nada para vaciar el bolsillo de placeres perecederos y llenar la vida de valor.

Cultivamos por lo tanto un amor débil que deja de cuidarse cuando sobrevienen problemas, un amor que deja de admirar, escuchar y latir cuando una lágrima arrastra el superficial maquillaje. Un amor que creemos sensacional porque da respuesta inmediata a nuestros instintos primarios, pero incapaz y dejando sin respuesta cuestiones primordiales de compromiso y felicidad.

Una sociedad que prioriza la seguridad económica por encima de la seguridad afectiva corre el riego de la ruina personal, porque sin confianza en un amor detallista y fiel, la frustración e impotencia impedirá dar lo mejor de uno tanto a nivel personal como profesional.

Ama, perdona, olvida, comprende y mira a los demás como Dios mira. Abraza, se cariños@, disfruta de tu rutina con la misma intensidad que disfrutas de una escapada en la playa. Valora detalles, se sensible ante los demás. El dinero viene y va, el ser debería estar siempre.

El papa recientemente decía: “el amor es compartir en todo la suerte del amado”. !¡Y todo es todo!

¿Comenzamos hoy?

Javier Pacheco Doria

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