Archivos Mensuales: mayo 2015

UN SÍ EN MAYÚSCULAS 

Dicen que entre letras, bajo el anonimato de las frases, es más fácil decir o expresar lo que uno desea. Ayer tuve la oportunidad de estar en la boda de unos amigos míos. Momento para volver a ver a personas que uno admira y quiere, amigos que vuelves a ver después de años, y el tiempo solo hace que reafirmar que esa amistad es para siempre.
 
Ayer eran todo “síes” en mayúsculas, silencios, gestos y palabras que trasmitían que las buenas  amistades no caducan, personas que no dimiten en su afán por mantener vivo el mejor de los recuerdos.
 A todos nos pasa que vivimos eventos en lo que todo parece estar en consonancia para trasmitir precisamente lo que una boda significa. 
Familias geniales, muy geniales, que se juntan para formar otra familia igual. Personas buenas, muy buenas, íntegras. Jóvenes promesas, atrevidos y decididos a compartir sin miedo el mayor de los retos que plantea la vida, ni mas ni menos, trazar  ese camino con aquella persona a la que le has regalado ese SÍ en mayúsculas.
Y haciendo caso a la frase: “Uno es lo que son sus amigos”, hago las maletas para volver a Madrid, orgulloso, feliz y agradecido por traerme desde Barcelona una gran dosis de amistad y unos abrazos difíciles de olvidar.
¡Nos vemos pronto!
Javier Pacheco Doria

A TI, MAMÁ 

Querida mamá:

A ti, esa mujer que fuiste la primera que me acogió con los brazos abiertos y que jamás los ha dejado de cerrar. A ti mamá que escogiste al mejor padre del mundo y me regalaste los mejores hermanos. A ti mamá que me enseñaste todo con la paciencia de una héroe, que me enseñaste a rezar y dar amor, a pedir perdón a respetar, a luchar, a escuchar y nunca juzgar.

A ti mamá que sin necesidad de hablar cuando sólo tenía lágrimas recorriste cientos de kilómetros para convertir mis tristezas en las mejores de las sonrisas. A ti mamá que has pasado noches en vela esperando escuchar que llegábamos.

Gracias por siempre protegerme y sacar lo mejor que tenía a pesar de conocer como nadie lo peor. 

Gracias por la educación, dedicación, amor  y confianza  recibida. Gracias por siempre respetar  nuestra libertad y nunca poner trabas a nuestro caminar, siendo en ocasiones en las oscuras noches, una luz misteriosa que iluminaba nuestra elección. Gracias por tus consejos constructivos y jamás destructivos. Gracias por unir y nunca desunir.

A ti mamá, mamina, como te gusta que te llamemos, hija, madre y ahora la mejor de las abuelas, gracias por ser el mejor y más valioso regalo que nosotros, tus hijos, hemos tenido.
Gracias por, todavía a día de hoy, seguir teniendo esos brazos abiertos y acogernos como el primer día de nuestras vidas.

Como dice Papá unos padres jamás dimiten…
A ti mamina que nunca nos has exigido un perdón cuando hemos sido injustos y que nos perdonabas por tu condición de grandiosa.

Mamina ¡te quiero!

Un hijo en continua deuda.

  

Javier Pacheco Doria