Archivos Mensuales: agosto 2018

Y MIENTRAS ÉL SE IBA APARECISTE TÚ

Quisiera empezar estás líneas mostrando mi respeto y admiración hacia aquellas personas que están soportando el dolor de una enfermedad o sufrimiento y no comparten mi fe.

Dicho sea de paso, fe, la mia, que era nula. Basta abrir el corazón, algo los ojos y desear abrazar la verdad. Básicamente salir de la zona de peligro existencial, mirarse menos el ombligo, quererse menos para pasar a quererse a uno mismo mejor, y mirar a los demás con el mismo amor que Dios nos mira.

Fórmula que parece sencilla pero que contiene elementos de álgebra.

Qué grande eres Señor y qué inmensos son tus gestos de amor.

Hace pocos días te llevaste a Papá al cielo, sí, a ese lugar tantas veces nombrado, que estos días se ha hecho presente con una dosis de realidad, inundado de TU infinito amor. El significado del cielo solo tiene sentido si tenemos la valentía y el coraje de Conocerte.

He de confesaros que durante años he utilizado las redes sociales para mi ego personal, un error o una banalidad que he sabido detectar. Ni malo ni bueno, pero vacío de significado.

No hay mayor like o muestra de cariño que mostrar al mundo lo que TU eres capaz de hacer en nuestros corazones. ¡Eso si es un superlike!

Durante este camino de enfermedad y lucha, de las diferentes y numerosas pruebas que nos has ido mandando, no he sabido Encontrarte, hasta estas últimas semanas, donde vi en la enfermedad de papá, TU infinito amor.

Susurrabas en nuestros oídos con delicadeza: ¡confía, no vas a estar solo!

¡PAPÁ SE VA PARA QUEDARSE!

Y una vez te he encontrado, te pido que no me sueltes, que ilumines a mis amigos cuando estén en situaciones perdidas, que TU luz les muestre el camino, y que el talento de cada uno de ellos lo pongan al servicio de los demás.

¡AHORA PUEDO AFIRMAR QUE NOS AMAS HASTA LA LOCURA!

Cómo te iba a encontrar sino te buscaba de corazón. ¿Quién se enamora de alguien a quien no conoce o con quien no tiene contacto?

Te dedico estas palabras a TI, porque sé que has estado esperándome, queriéndome tal y como soy, respetando mi libertad, y cuando más lo he necesitado, me has ayudado y abrazado para soportar el dolor humano de esta cruz.

¡Sin ti no somos nada!

Gracias por asomarte, por nunca irte, por siempre estar, por abrazar y cuidar a Papá.

¡QUE POCO ES UNA VIDA PARA DARLA!

Pd: fue en ese viaje, días antes de irte al cielo donde una amiga me decía “por ti Mauricio” y fueron tres palabras que me prepararon para tu partida a los brazos de Maria y Jesús.

Javier Pacheco Doria